Vida religiosa
“MEMORIA VIVA DEL EVANGELIO EN EL CORAZÓN DEL MUNDO Y DE LA IGLESIA”
La vida religiosa surge desde los inicios de la Iglesia, brota con gran fuerza y de modo espontáneo a partir de un deseo de radicalidad que se manifieste el rostro de Dios misericordioso, tantas veces opacado por los acontecimientos.
Siglo I: Como efecto del testimonio de las primeras comunidades cristianas brota en la Iglesia la virginidad consagrada, esposas de Cristo, siervas de Dios quiere seguir a Jesús en una conversión total. Es hasta más tarde que se pronunciarán los votos.
Su ropa no es nada especial, se cortaban el pelo.
Cuidaban enfermos y compartían sus enseñanzas de Fe.
Siglo III y IV: Ante la corrupción del imperio Romano y la propia Iglesia que ha perdido el impulso y la audacia e los primeros años, surgen entre los cristianos monjes, eremitas, anacoretas, su aspiración es ser cristianos que han puesto a Dios como el absoluto de su vida: vivir solo para El.
Se separan del mundo, renuncian a sus bienes, luchan contra sus propios demonios, oran y trabajan, viven en soledad y son célibes por el Reino, acogen a los peregrinos.
Siglo V: Surgen la vida comunitaria, creándose así comunidades con un número de miembros limitado, fomentándose la hospitalidad todo es compartido, vida, trabajo, oración, liturgia. Existen también monasterios para mujeres.
Siglo VI: Una de las grandes figuras es San Benito, en occidente es el precursor de la vida monacal comunitaria escribió la regla de los monasterios.
Existirá también una decadencia en los monasterios, monjes en asuntos temporales , influencia de los nobles en los asuntos de los monasterios y aunque existen reformas, no llegan a ser lo suficientemente radicales para generar un cambio.
Existe una nostalgia por el desierto, la vida solitaria:Cartujos
Siglo XIII: Al darse un cambio radical en la sociedad la Iglesia permanece feudal en todas sus estructuras se pone departe de los señores la consecuencia es el anticlericalismo. Surgen entonces fraternidades que quieren vivir en pobreza y sencillez. Sobresalen los franciscanos y los dominicos, entre otros. Dejan la seguridad de los monasterios, se sitúan al margen del poder y se ponen al lado de los pobres, dan preferencia a la predicación y a las tareas apostólicas.
Y aunque oficialmente no son religiosas por no pronunciar votos solemnes, existen comunidades de mujeres al servicio de peregrinos, de los enfermos en hospitales.
Siglo XVI: Comienza el renacimiento, épocas de grandes reformas surgen: Teatinos, clérigos regulares, Jesuitas, otros. Los clérigos regulares van dejando el estilo monacal para vivir una espiritualidad de acción una mística de servicio de cercanía al hombre y de continuo discernimiento. Fuertes reformas en la vida religiosa, incluyendo la femenina: Sta. Teresa de Ávila como una gran figura.
Frente a estos cambios emergen diferentes iniciativas tanto de sacerdotes como de mujeres para responder a los reclamos de la sociedad de ese tiempo entre ellas Ángela de Medici, Juana de Chantal, María Ward, Luisa de Marillac, otras.
No son religiosas en el sentido jurídico, tienen por monasterio la casa de los enfermos por celda una habitación de alquiler, por capilla la Iglesia parroquial, por claustro las calles de la ciudad, por rejas el temor de Dios y por velo la santa modestia… (Sta. María de Marillac)
Siglo XIX Y XX: tiempo de revoluciones: Francesa “libertad, fraternidad, igualdad”, revolución industrial y científica. Se acrecienta el proceso de secularización, la Iglesia se repliega sobre si misma poco sensible a los siglos de los tiempos.
Nace una multitud de congregaciones masculinas y femeninas con gran fervor y dinamismo, se lanzan en tres campos: obras de caridad, enseñanza, salud, y misiones populares y extranjeras.
Siglo XX: Las mayores novedades han sido, además de la proliferación de congregaciones apostólicas, el carisma de Carlos Foucauld como una vida contemplativa en medio del pueblo pobre, y los institutos seculares que quieren vivir con mayor cercanía al hombre de hoy y evangelizar al mundo desde el interior de sus estructuras.
La vida religiosa en Latinoamérica fiel, a las orientaciones del concilio vaticano II quiere hacer presente en el corazón del mundo y de la Iglesia del reino de Dios, bajo el espíritu de las bienaventuranzas.
Una fidelidad que la lleva al martirio, ya que esta al servicio de quienes se encuentran mayormente heridos en su dignidad humana, bajo múltiples rostros como son: obreros, indígenas, campesinos etc.
Por nuestros votos queremos proclamar:
Castidad: que el amor de Dios plenifica nuestra vida, para gratuitamente compartirla con su pueblo.
Pobreza: compartiendo con los humildes a la manera de Jesús sus penas, alegrías, sus luchas.
Queremos ser guiados y llevados puestos con el hijo, discerniendo los siglos de los tiempos con los y las hermanas.
Vivimos una unidad plural.
Nuestra diversidad, manifiesta la riqueza de los dones de Dios (vc52)
“Hay diferentes obras pero es el mismo Dios quien obra en todos y todas” (I Corintios 12,4).

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