Religiosa de Jesús-María Argentina, comparte su testimonio del Papa Francisco

Papa Francisco

Francisco, un Papa llamado Jorge

Me han pedido que como argentina les comparta mi testimonio respecto al Cardenal Jorge Mario Bergoglio, desde ayer papa Francisco. No voy a hablar de él como jesuita porque creo que eso les corresponde a los jesuitas argentinos que han vivido y compartido con él. Solamente deseo compartir desde lo que he vivido cuando he sido miembro de la Arquidiócesis de Buenos Aires.

Quiero comenzar diciendo que para los que hemos tenido la oportunidad de conocerlo él es simplemente Jorge. Así se presentaba cuando saludaba (recuerdo un día en que necesitaba su firma en una carta de pedido a ADVENIAT llamó a mi casa para pedirme unos datos… sonó el teléfono y dijo habla Jorge, por supuesto le respondí ¿que Jorge? Jorge Bergoglio). No era su costumbre presentarse con títulos como doctor, padre, monseñor o su excelencia, etc. Simplemente Jorge …

Intuyo que su sencillez y austeridad es heredada de esa familia de inmigrantes italianos en la cual ha nacido hace 76 años en uno de los 100 barrios porteños, Villa Devoto.

Cuando pienso en él como arzobispo de Buenos Aires, se me vienen muchas imágenes en las cuales lo veo siempre en medio de la gente. Nunca lo he visto con custodia personal y tampoco con choferes. Por lo general se movilizaba por medio de transporte público tanto para visitar a su familia como para realizar una vista pastoral o simplemente para remplazar a un sacerdote en alguna de las eucaristías dominicales. Y llegaba así, algunas veces en medio del barro o del polvo de la tierra, saludando con un beso a las señoras… conversando de fútbol con los niños y jóvenes.

Particularmente recuerdo la noche crítica del 19 de diciembre de 2001 cuando como pueblo argentino salimos a la calle a manifestar nuestra indignación por la gestión del ex presidente De la Rúa y nos convocamos frente a la Plaza de Mayo, Bergoglio también estaba allí como un ciudadano más. También lo recuerdo acompañando y conteniendo, en el barrio de Once, a los familiares de los cientos de jóvenes que han fallecido en el accidente del local bailable de Cromañón y recientemente con las familias del accidente fatal de trenes. Tengo imágenes de él escuchando y consolando a las madres de las víctimas de la droga y de la violencia.

Amigos que son sacerdotes del clero de Buenos Aires me han comentado que en cada oportunidad que necesitaban hablar con él, de inmediato les hacía un espacio en su agenda y le dedicaba tiempo para escucharlos como así también le generaba oportunidades de descanso ofreciéndose él mismo a remplazarlos en las eucarísticas si hacía falta. En estos últimos años ha impulsado el compromiso de los sacerdotes jóvenes con la pastoral urbana, en especial la de las villas miserias y de los barrios populares.

Las personas más cercanas siempre lo han destacado como a un hombre de gran austeridad y sencillez de vida. También puedo decir que ha dejado translucir una gran sensibilidad espiritual identificándose así con el pueblo sencillo. Personalmente ha promovido y fomentado las diversas manifestaciones de devoción popular. Cada año ha estado en medio de las multitudinarias Peregrinaciones juveniles al Santuario de la Virgen de Luján. Todos los 7 de agosto acompañaba a los miles de peregrinos en el santuario de San Cayetano orando y pidiendo por el pan y el trabajo. Año a año, en el estadio de Boca Junior, ha impulsado la realización y ha presidido la eucaristía para los niños. No se ha cansado de invitar a que los católicos seamos misioneros y que salgamos a las calles para anunciar el mensaje de Jesús.

Lo he visto cercano y amigo de rabinos y pastores de iglesias cristianas, con los cuales frecuentemente se reunía para compartir, conversar y generar espacios comunes de oración y de acciones concretas en favor de los más desfavorecidos.

Su parquedad y timidez no le era un obstáculo para mostrarse atento y cercano a la gente, en especial a los más pobres.

Sí, es verdad era muy poco amigo de dar entrevistas a periodistas y no recuerdo muchas conferencias de prensa.

Hablaba poco pero muy claro y directo. Sus homilías y cartas siempre basadas en el evangelio y con una clara opción por los más pobres. Nunca le ha temblado la voz para clamar contra la desigualdad en el país. Bergoglio comparó pobreza y violación de los derechos humanos y no ha dudado en reprochar directamente a los diversos Gobiernos por no impedir el aumento de la pobreza, situación que considera "inmoral, injusta e ilegítima", al ocurrir en una nación que posee las condiciones económicas necesarias para evitar esos daños.

Para concluir, acerca del Arzobispo de Buenos Aires, puedo decir que ha sido ante todo “un pastor” que puso la arquidiócesis de porteña en estado de “misión” y exhortó a los argentinos a no quedarnos encerrados en las sacristías y salir al encuentro de los más necesitados tanto material como espiritualmente. Indudablemente lo que más valoro son los gestos populares, cercanos y humanos como ha sido ayer el gesto de pedirle a la gente que ore a Dios para que lo bendiga antes de impartir su bendición a todas las naciones.

Nora Beatriz Kviatkovski, RJM

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