Alimentar la experiencia de Dios requiere concentración: Jorge Atilano

Y a nosotros, ¿quién nos enseñó a concentrarnos?, ¿qué prácticas nos ayudan a centrar nueva vida en Dios?, ¿cómo aprendemos a relacionarnos personalmente con Jesús?
Son las prácticas cotidianas las que educan al corazón. Quienes vivimos en la ciudad constantemente estamos distraídos por la necesidad de ser querido, el deseo de ser abrazados, la búsqueda de reconocimiento, la falta de cariño en la familia, el rechazo que tuve en la escuela, la llamada del novio o la novia, la preocupación por el mañana, el miedo a fracasar, etc. Estamos tan centrados en nuestros sentimientos y pretender asegurar nuestra felicidad, que distraemos nuestro corazón del amor de Dios que día a día se nos revela al por mayor. He llegado a pensar que la nostalgia de ser amados no será posible quitarse de nuestras vidas y mucho menos a través de los amigos, la pareja o la diversión.
Necesitamos de una relación estable, profunda, permanente, que modele nuestra vida, y eso sólo lo podemos tener en Jesús. A medida que tomamos distancia de Dios perdemos seguridad, certeza y fuerza en nuestra vida. He pensado que para que funcione una sociedad consumista necesita gente con baja estima y desesperanzada, por eso el Dios de Jesús, que trae mucha esperanza, estorba para quienes necesitan del miedo para vender. Las imágenes del consumo son prácticas cotidianas que nos recuerdan que algo nos falta para ser felices, y tanto insisten en que algo falta que terminamos por creerlo.
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