Y Dios se hizo hombre y habita entre nosotros…

Adrián Ramírez, originario de Motozintla, estudiante de psicología, nos comparte su experiencia en el Mochilazo Jesuita realizado este invierno en la sierra de Chiapas.
Tan solo unos días han pasado de la experiencia honda y única del mochilazo jesuita, y mientras escribo estos párrafos mi Espíritu viaja a esos 8 días, donde El Dios encarnado se hizo presente y se nos manifestó como un Dios cercano y humano en Jesús y por consiguiente en la vida comunitaria de los hermanos indígenas tzeltales. Con ellos estuvimos compartiendo la experiencia de la caminata orante, sensible todavía de la realidad en la que viven sumergidos, tan palpable la pobreza, pero más allá, también la autenticidad de su fe en Dios, concebido como padre y madre, corazón del cielo y de la tierra, por lo tanto, Él ocupa el punto de equilibrio del mundo. La Centralidad de Dios la vimos manifestadas en sus oraciones, bailes, siembras, en fin en toda su actividad diaria, sin Él reina el caos.
Tener una relación con Tatic Dios es fundamental y necesario para la vida personal y comunitaria, es su referente religioso y social, sin caer en pugnas y sistemas políticos o autoritarios, su fe es símbolo de su cosmovisión, ¿podría sobrevivir el pueblo tzeltal sin esa relación tan única e intima con Dios? A esta pregunta afirmo que no, pues son alimentados por El que es Siempre (nombre del antiguo testamento de Yavhe en la biblia tzeltal), se saben unidos a Dios. Somos afortunados que, desde una actitud orante y contemplativa, como nos enseño Ignacio de Loyola, observamos y participamos de la vida comunitaria de estas comunidades indígenas.
Algo que nos movió mucho fue estar en una de las comunidades más pobres de Chiapas perteneciente al EZNL. Ellos han decidido resistir a involucrarse en el Capitalismo salvaje que nos consume y aceptar las consecuencias que ello involucra, nada de apoyos del gobierno, es una de sus consignas. Su forma de gobierno, donde todos tienen voz participativa, llevan años resistiendo, y ante la pregunta de un curioso ¿por cuánto tiempo más? la respuesta fue hasta que tengamos paz, y si la frase de Gandhi reza que no hay caminos para la paz, porque la paz es el camino, ellos ya tiene el suyo y la historia juzgara lo que a nosotros hoy no nos corresponde juzgar.
Al finalizar este texto, traigo a mi mente los rostros de las mujeres, hombres, niños y jóvenes indígenas que conocí y que han grabado en mi ser la enseñanza de un amor profundo por lo sencillo , lo natural , la tierra, los arboles, el cielo, las estrellas y al mismo ser humano, y también en los jesuitas que nos guiaban reconocí la presencia de Jesús y su acción a través de su iglesia en la celebración de la Eucaristía, y al final muy presentes también están la amigos de esta experiencia venidos de otros estados y países que en su búsqueda de sí mismos y de la verdad, se encontraron con El Otro que es Uno en Todos. Alegres hemos bajado de la montaña para más amar y servir a Dios en todo lo creado como siervos indignos de su divina majestad.
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