La oración es el ser mismo del hombre: Carlos María Martini SJ

“La oración, sepámoslo o no, es el encuentro de la sed de Dios y de la sed del hombre. Dios tiene sed de que el hombre tenga sed de El.”: San Agustín Quaest. 64,4.
“Si consideramos la oración en su naturaleza más profunda y en sus raíces mismas, no se trata de una actividad que se yuxtapone extrínsecamente al hombre: brota de su mismo ser, de la realidad misma del ser humano. Podríamos decir que la oración es, en cierto modo, el ser mismo del hombre que se hace transparente gracias a la luz de Dios. La oración es la que nos permite reconocernos en lo que somos y, reconociéndonos así, reconocemos la grandeza de Dios, su santidad, su amor, su voluntad misericordiosa; en otros términos, toda la realidad divina y su divino designio de salvación tal como nos los revela el Señor Jesús, crucificado y resucitado. Antes de ser un palabra, o la expresión de un pensamiento, la oración es percepción de la realidad. E, inmediatamente, esta percepción se transforma en alabanza, en adoración, en acción de gracias, en petición de misericordia a Aquél que es la fuente de todo ser.”
Carlo M. Martín SJ
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