Experiencia: Burgos, Atalaya Intercultural

Compartiendo la vida con pacientes discapacitados y ancianas de la casa de las Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús.
El Magis para mí fue el encuentro con mi Padre al otro lado del Atlántico, donde la historia se liga y se sigue construyendo, fue el encuentro con el amor primero en el corazón del mundo, el corazón de cada uno.
En Loyola comenzó la maravilla al encontrar en la diversidad de rostros y lenguas, la igualdad que nos une; compartir la alegría, los sitios de descanso, contemplar la montaña, imaginar los pasos de Iñigo en aquel lugar, fueron tocando profundamente el corazón. Fue un momento de gustar nuestra cultura, de gustar la de los otros, de aplaudir el canto y el baile, de superar poco a poco las barreras del lenguaje por el deseo de compartir aunque fuera un poco.
Ya en Burgos, en la experiencia elegida para Magis, lo nuevo continuó, ahora la convivencia diaria con polacos, belgas, mexicanos, españoles, un colombiano y un rumano, debía ser más estrecha; los buenos días, pásame el agua o la ensalada, el compartir...todo esto, de ser posible hablando inglés, significó un nuevo reto, requirió romper las barreras nuevamente y creo que todos lo logramos, hicimos una pequeña familia esa semana.
Directamente la experiencia con las Hermanas Hospitalarias que cuidan de niños discapacitados y de ancianos, fue especialmente significativa para mí, pues de inicio al ir recorriendo la ciudad cada mañana para llegar al hospital, Elvira, nuestra coordinadora de experiencia, nos mostraba las maravillas medievales de Burgos, su hermosa catedral, demás iglesias e historia, me sentía afortunada. Pero al llegar al hospital y entablar el lenguaje de la cercanía con quienes a su edad han vivido todo, o quienes sin hablar o moverse, con la mirada te expresan todo lo que son y lo que desean, no encuentro monumento o catedral más hermosa que aquel hospital de Burgos.
Todo esto me llevó a Madrid a la JMJ, con el corazón lleno y revuelto de experiencias, deseando un espacio personal para intentar acomodar los sentimientos; me dí algunos momentos, pero en el mar de gente, la ciudad, las miles de banderas, los saludos, la historia, los monumentos, la fe reunida en un solo lugar, me descubrí nuevamente siendo con los demás, deseando ser realmente comunidad con el otro a pesar de lo difícil que esto puede ser.
Reconciliada con España por el amor recibido en sus rincones, sintiéndome hija muy amada de mi Padre, puedo sentir que voy con Cristo en el corazón del mundo, pues Él va en el corazón de cada persona de cualquier parte del mundo. Ahora para ir siempre al Magis, continuaré caminando hasta que por gracia las manos estén arrugadas de entregarse, los pies cansados de acompañar, los ojos vueltos una verdadera ventana del alma y el corazón siempre dispuesto a amar hasta el final.
Gracias por tanto bien recibido
Diana Beatriz Aguilar Carreón
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