El discernimiento nos conduce a la conciencia espiritual

Discernir

Cuando discernimos entramos a un nivel de conciencia más allá del sentimiento que experimentamos o la valoración del bien o del mal.

Cuando nosotros hablamos de discernimiento hablamos de conciencia y podemos afirmar cuatro conciencias (o niveles de conciencia), que implican cuatro niveles de discernimiento. Estas son: conciencia biológica, conciencia sicológica, conciencia moral y conciencia espiritual.

Conciencia biológica:

Se trata de discernir aquí mis “reacciones” físicas, es decir, a qué se debe tal o cual síntoma que experimento. Evidentemente hablamos de “discernimiento” a este nivel en un sentido muy amplio.

Conciencia sicológica:

Se trata de discernir aquí mis “reacciones” a nivel psicológico. ¿Por qué frente a determinados estímulos reacciono de determinada manera? Debo aquí reconocer los sentimientos que me asaltan. Debo intentar reconocer el origen y la dirección de los mismos. También debo distinguir entre lo que son sentimientos y lo que son pensamientos, distinción básica para un correcto discernimiento.

Conciencia moral:

Implica un discernimiento moral o ético de mis acciones o de mis omisiones. Todos tenemos un sistema de valores que son referencia para mi actuar, y es en referencia a ese sistema que debo discernir los valores irrenunciables que conforman mi existencia, o debo discernir en situaciones complejas qué valores están en juego en una y otra opción, etc.

Conciencia espiritual:

Aquí tenemos el discernimiento propiamente espiritual. Significa ponernos en el plano del profeta, siguiendo el ejemplo anterior: yo veo mi vida e interpreto mis movimientos interiores a los ojos de Dios y bajo su acción. Me debo preguntar si los sentimientos y movimientos que experimento me llevan en dirección de Dios o por el contrario me alejan.

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