¿Qué significa acompañamiento?

FICHA 1.  Integración, discernimiento, capacitación.

La tarea del acompañante es facilitar su maduración humana y su encuentro con Dios por medio del discernimiento.“En este proceso y en las relaciones que implica, la libertad personal del acompañado es de importancia capital” (D. Lonsdale).

Acompañamiento e integración. Vivimos disipados o distraídos. Demasiadas cosas nos preocupan y requieren nuestra atención o nuestro afecto. La experiencia vital de un ser humano -y más en esta época en que se ha multiplicado la comunicación y la imagen- suele ser la de su propia dispersión interior, hasta sentirse como atrapado. Descentrados de Dios, incluso disgregados intelectual y afectivamente. El acompañamiento apunta en primer lugar, precisamente, a una integración equilibrada de las distintas vertientes de la existencia personal que haga posible esa vida en y para Dios: Intentar, lenta y gradualmente, ir integrando los múltiples elementos y aspectos de la vida en la unidad y la totalidad, que no es otra cosa sino el deseo firme y constante de vivir para “alabar y servir a Dios nuestro Señor” [EE. 23] en respuesta al amor que Él nos ha mostrado.

Acompañamiento y discernimiento. Se trata de ayudar a mirar en profundidad, ayudar a escuchar voces internas, distinguir, sopesar, eso que llamamos discernir; ayudar al compañero acompañado a integrarse escuchando la silenciosa voz de Dios en su vida, la presencia del Espíritu que orienta e ilumina el proceso. El acompañamiento permite hacer que las personas se levanten por sí mismas y descubran el camino que Dios ha trazado para ellas.

FICHA. 2. Base Bíblico-histórico del acompañamiento

La historia de la espiritualidad está fundamentalmente unida a la historia del acompañamiento espiritual, porque “aquél que quiere estar sin arrimo de maestro y guía será como el árbol que está solo y sin dueño... y no llegará a la sazón” (San Juan de la Cruz). Repasemos brevemente esta coincidencia:

El acompañamiento tema bíblico. Desde las primeras páginas bíblicas, aparece Dios cercano al hombre y al pueblo en todos sus problemas. Antes que palabra, Dios es presencia, fidelidad, ayuda. El Dios bíblico sale al encuentro de su pueblo esclavo en Egipto, lo libera, lo acompaña por el desierto, hace alianza con él y lo conduce a la Tierra Prometida. En muchas ocasiones la acción de Dios llega a través de sus enviados los profetas: ellos anuncian la presencia de la definitiva cercanía de Dios, el Mesías salvador.

Los discípulos del Bautista necesitan un maestro que le señale al verdadero Cordero de Dios. En el fondo subyace una convicción: nuestra condición caminante exige pedir ayuda, buscar apoyo, reconocer la propia incapacidad de acertar solos con el itinerario correcto.

“En Jesús -Camino, Verdad y Vida- la palabra y el amor de Dios llegan a todos y cada uno de los hombres. La relación de Jesús con los Apóstoles es un modelo de pedagogía donde se aúnan la aceptación incondicional, la propuesta de la Buena Nueva, la paciencia con la dificultad de los Apóstoles en comprender y la formación de una comunidad en la que cada uno recibirá una misión para el servicio de los demás.

FICHA 3. Acompañamiento y acompañamientos

“Cuando somos invitados por alguien a ser testigos de su crecimiento espiritual, a acompañar el camino de Dios en el interior de la persona humana, estamos pisando un terreno sagrado en el que es necesario entrar descalzos y despojados de todo prejuicio. La reverencia que sintió Moisés por ese lugar, debe ser la misma que debe experimentar todo aquel que es invitado a ser testigo del amor de Dios en una persona” (F. Roustang).

Un caminar respetuoso junto al otro. Un intento delicado, respetuoso, paciente. Cada persona guarda el tesoro de su vida en su corazón, por ello la tarea es: ayudarla a que baje las defensas, con suave confianza, para que pueda encontrarse consigo misma y reconocerse; y desde ese reconocimiento logre amarse, perdonarse, sanar sus heridas y emprender un camino en libertad donde la plenitud llegue a ser el medio y el fin último: ordenar los afectos, para en todo buscar y hallar la voluntad de Dios en su vida.

El acompañamiento, debe apoyar el crecimiento de la persona en la fe, en la confianza plena de ese Dio. No podemos perder de vista las dificultades y problemas, pero tampoco es legítimo que desanimemos a los que comienzan y los llamemos siempre a la sensatez de la madurez.

El otro existe antes de que yo me aproxime a él (F. Roustang). Está marcado por una historia personal que me es desconocida, está inserto en un tejido de relaciones que exigen de él comportamientos que son para mí desconocidos. Si deseo encontrarlo realmente, no debo cercenar arbitrariamente la complejidad de su mundo que escapa a mis posibilidades. Debo permitirle que exista ante mí, tal cual es, sin pronunciar juicios ni imponer normas, sin que mis ideas lo determinen o lo afecten, sin pretender meterlo en mis proyectos, en mis deseos.

El Espíritu Santo, íntimo acompañante. El Espíritu se relaciona con nosotros impulsándonos desde más adentro que lo íntimo nuestro. Significa que lo más hondo de nosotros no nos es accesible a nosotros sino sólo al Espíritu, el encuentro con Dios se da en el hondón de la persona, en aquellos sótanos donde solamente puede procurarse la sinceridad total. El Espíritu es acción, movimiento: es el soplo del aire, el manar del agua, el crepitar de la llama. El Espíritu nos mueve siempre. Nos mueve hacia la libertad… (Pedro Trigo). El Espíritu me cristifica, me constituye hijo de Dios en su Hijo, y hermano de los demás en Jesús.

Diversas tendencias actuales

• La tendencia sicologicista: cada persona encuentra en su existencia concreta las claves necesarias para estructurar positivamente su vida.

• La tendencia orientalista: resultado de la gran influencia del mundo hindú y tibetano en la actual sociedad occidental. “El problema del hombre no religioso es esencialmente un problema de ‘ruido’. La persona ruidosa es egocéntrica. (N. Caballero). El acompañante se ha convertido en un gurú, y sus enseñanzas en proverbios.

•La tendencia tradicional. En este esquema, el acompañante sigue siendo director en el estilo más clásico. El acompañado le debe fidelidad y obediencia.

•La tendencia del discernimiento ignaciano: “Todo discernimiento precisa ser cotejado, compartido, contrastado por una autoridad constituida. Él no concibe los Ejercicios sin alguien que acompañe al ejercitante y con quien pueda contrastar. En la vida diaria el cotejador por excelencia sería el acompañante; en la vida religiosa, un acompañante ‘natural’ es el superior” (C. Cabarrús).

FICHA 4. Perfil del acompañante espiritual

“Modelo dinámico, atento y sensible a la singularidad de la persona, abierto al ambiente, a las expectativas propias y ajenas, a todos esos factores que podríamos llamar ‘variables contextuales, una personalidad esencialmente dinámica, pero siempre concienzudamente controlada. Tendrá que unir a una buena formación teológica y espiritual una personalidad ‘madura’ no sólo a nivel humano, sino también en la vida interior, y un conocimiento suficientemente adecuado de las leyes de la sicología y de las ciencias de la educación”. (A. Mercatali).

Características y posibilidades del acompañante ‘ideal’:
•Que se valore suficiente y objetivamente desde Dios y desde la realidad. Por este medio podrá mostrar una actitud de misericordia y una gran dosis de humanidad.

•Que sea persona de oración asidua e intensa.

•Que cuente de antemano con el conflicto como compañero de camino. Esto le permitirá mostrar una actitud agradecida ante lo positivo que la vida trae; también afrontar las frustraciones y dificultades sin exagerarlas ni negarlas, acoger las diferencias, escuchar los conflictos propios y ajenos sin alarmarse.

•Que tenga una experiencia humana y espiritual reconocida por otros. Esta experiencia nacerá en parte de la capacidad que tiene él mismo de ser acompañado.

•Que dé signos de estar comprometido con la vida y la gente. ( C. Cabarrús)

•Que perciba desde un comienzo que no tiene las cualidades requeridas: es servidor de una Palabra que no le pertenece y le desborda.

•Que sea un testigo, un reflejo-eco de la persona y del proceso que acompaña.

•Que maneje el arte del discernimiento: que conozca el modo de proceder del Espíritu y que esté al tanto de las sugestiones y tretas del espíritu malo.

•Que viva centrado y contento -con otros- su proyecto de vida, con los sinsabores del camino y la alegría de estar donde se tiene que estar. Y que muestre esta certeza con sencillez y humildad, sabiendo que podría estar en otro lado. Lo del seguimiento es Gracia.

•Que mantenga la sintonía con Dios. Para poder escuchar la experiencia de Dios que otra persona relata, se requiere estar en sintonía… ser persona de oración.

•Ningún yerro es más pernicioso en los maestros de las cosas espirituales, que querer gobernar a los otros por sí mismos, y pensar que lo que es bueno para ellos es bueno para todos (Ignacio de Loyola).

FICHA 5. Aprender a escuchar.

No es lo mismo oír que escuchar. Oír es un fenómeno de orden fisiológico y pasivo. Escuchar es un proceso psicológico y activo.
Acogida empática.

•El psicólogo Eugene Gendlin, propone unas indicaciones para mejorar nuestra capacidad de escucha:

- Para demostrar que has escuchado, forma una o dos oraciones con el significado de lo que la persona quería transmitirte, conservando sus palabras claves.
- Cuando la persona se complica y se enreda, retoma una o dos expresiones sobre lo que crees que es el núcleo de la comunicación, y deja que la persona lo corrija o añada. Repite lo que ella ha cambiado y añadido hasta que lo entiendas justo como ella, y sólo entonces forma tu oración para decir lo que significa lo expresado.
- Habla solamente para decir que entiendes o para pedir repetición o clarificación.
- Cuando pidas aclaración, hazlo utilizando los aspectos que han quedado claros. No le digas nunca: ¡no he entendido nada!

•Robert Carkhuff: Escuchar es una destreza aprendida, una práctica activa que consume gran cantidad de energía. Hay que recordar y retener los contenidos verbales así como el tono emocional en el que son dichas las cosas, para descubrir el marco de referencia del interlocutor.

Indica varios pasos o estrategias conductuales para mejorar la escucha que permitirán al otro profundizar en el nivel de auto exploración:

- Actualizar la motivación por la que uno escucha, justo antes de escuchar. Este paso es crucial y se parece al ¿a dónde voy y a qué? de San Ignacio.
- Quedarnos con los datos esenciales del contenido de su mensaje. Para ayudarse, uno puede responderse las preguntas ¿qué? ¿cuándo? ¿dónde? ¿cómo? ¿por qué?
- Suspender el juicio personal (algo difícil) como parte de la acogida incondicional.
- Resistir las distracciones externas e internas.
- Escuchar el tono emocional, el ritmo, etc.
- Retener los puntos clave del contenido como fruto de la mejor atención.
- Aprender a entrar en su mundo referencial, sin invadirlo ni distorsionarlo.

Los bloqueos intrapersonales en la escucha. Es importante descubrir cuáles son los obstáculos intrapersonales, las distracciones habituales y los contagios emocionales que impiden escuchar la voz interior.

Se pueden señalar tres áreas en las que conviene detectar los ruidos interiores, que convendría limpiar para mejorar la escucha:

• El área física. Si estoy cansado o somnoliento tendré grandes dificultades para escuchar. Debo conocer mis propios ritmos.

• El área emocional. Saber si antes de interactuar estoy ansioso, agresivo, herido, temeroso... para poder poner esto a un lado. Indudablemente, en la interacción con el interlocutor surgirán también sentimientos o emociones respecto a él o a los temas que toca. Debo hacerlos conscientes. Que no me bloqueen o me contagien emocionalmente. Estas emociones, favorables o desfavorables, que se desencadenan en mí, me impiden mantener la distancia empática facilitadora.

• El área cognitiva. Es la que más bloquea y dificulta. Mientras el otro habla, bulle todo un mundo de ideas irracionales, otros pensamientos, prejuicios, rollos mentales, preparación de soluciones... Los principales son:

- Los prejuicios.
- Las ocupaciones de la mente.

“Cuando te pido que me escuches y tú empiezas a aconsejarme, no estás haciendo lo que te he pedido. Cuando te pido que me escuches y tú empiezas a decirme por qué yo no debería sentirme así, no estás respetando mis sentimientos. Cuando te pido que me escuches y tú piensas que debes hacer algo para resolver mi problema, estás decepcionando mis esperanzas. ¡Escúchame! Todo lo que te pido es que me escuches, no quiero que hables ni que te tomes molestias por mí escúchame, sólo eso. Es fácil aconsejar. Pero yo no soy un incapaz. Tal vez me encuentre desanimado y con problemas, pero no soy un incapaz. Cuando tú haces por mí lo que yo mismo puedo y tengo necesidad de hacer, no estás haciendo otra cosa que atizar mis miedos y mi inseguridad. Pero cuando aceptas que lo que siento me pertenece a mí, entonces tengo que empezar a descubrir lo que hay dentro de mí” (C. Alemany).

FICHA 6. Para mejorar tu escucha

Aprender a callarse constituye la primera condición de todo encuentro, es ofrecer una acogida sin poner limitaciones. Hacer silencio ante el otro que llega es la mejor manera de acogerlo. Este silencio denota el respeto que sentimos por el mundo del otro: un lugar sagrado. Es un reflejo del amor creador que permite que el otro exista en sí y por sí, sin crear dependencia.

Acercarse al otro con muchas palabras (consejos, opiniones, juicios) es  imponemos nuestra palabra identificándola con la de Dios. Sin embargo el acompañado no se reencuentra, no considera nuestros decires como Buena Nueva, ni constata la sanación provocada por esas palabras. Para el acompañado, la Buena Nueva está ante todo en el hecho de que lo escuchen sin prejuicios y que le ofrezcan un oído atento, inteligente y que sabe amar.

Trabajo personal sobre la escucha. Te proponemos algunas tareas fáciles para conseguirlo, así como consejos muy prácticos y factibles.

1. Algunas preguntas que ayudan a evaluar tu capacidad de escucha

- ¿Cuándo estás escuchando logras dejar a un lado las ideas o problemas que estabas atendiendo, o que tendrás que atender después, o te mantienes rumiando estos temas durante la entrevista?
- ¿Miras a la persona cuando te habla o procuras no mirar a los ojos para no intimidar ni sentirte intimidado?
- ¿Animas a la persona a hablar a través de tu lenguaje no verbal (sonrisa, movimiento de cabeza, atención con todo tu cuerpo, etc.) o dejas que tu lenguaje no verbal transmita desinterés y displicencia?
- ¿Procuras transmitir seguridad a la persona que habló contigo o transmites inseguridad con tus preguntas o comentarios?
- ¿Piensas sobre lo que te están diciendo, intentando comprender y discernir lo que escuchas? ¿Por qué la persona dice lo que dice o siente lo que siente?
- ¿Dejas que la persona que está ante ti termine lo que está intentando decir sin interrupciones o sueles ayudarle ofreciendo tus propios puntos de vista?
- ¿Escuchas independientemente de la manera de hablar que tenga la persona o te distraes si la persona utiliza un lenguaje o forma de expresión que no se acomodan a tu estilo?

Contesta por escrito a las siguientes preguntas, según te haya sucedido durante los dos últimos meses:

- ¿Por quiénes te has sentido tú realmente escuchado? ¿Y no escuchado? ¿Cómo te has sentido en ambas situaciones?
- Y tú, ¿a cuántas personas has escuchado realmente?
- ¿Qué personas han logrado con tu ayuda poner palabras a sus sentimientos confusos o amenazantes? ¿O se han auto-explorado mejor en tu compañía?
- ¿Qué emoción te bloquea la escucha antes o durante la conversación con el otro?
- ¿Cuáles son tus sentimientos y emociones más vulnerables?
- ¿Cuáles son tus filtros mentales y cognitivos? ¿Vagar de la mente? ¿Buscar soluciones?
- ¿Cuál es tu real motivación cuando recibes a alguien? Proponte actualizar la motivación.
- Haz una pequeña lista de personas a las que habitualmente no escuchas, no prestas atención y desconectas enseguida de ellas.
- Junto al nombre de estas persona pon un epíteto que te aclare ese bloqueo: aburrida, repetitiva, le tengo manía, no me interesa.

Ahora, durante dos semanas, trata de seleccionar una de estas personas y pon en práctica lo que aquí se te ha sugerido: actualizar la motivación, limpiar el bloqueo cognitivo, cambiar la tonalidad emocional, etc. Tómalo como un desafío: Quiero escuchar a personas de las que instintivamente desconecto. Al principio te saldrá artificial y forzado pero luego verás cómo puedes ir ampliando ese escuchar bien a personas y temas distintos de los habituales tuyos y notarás la satisfacción de poder entrar en campos experienciales nuevos, distintos y sorpresivos.

Complemento: Indicaciones para la escucha
- Dejar de hablar: no podemos escuchar si estamos hablando.
- Hacer sentir tranquila a la persona que habla: crea un ambiente de confianza y libertad, ayuda a la persona a sentirse libre para hablar.
- Demostrar que quieres escuchar: actúa interesado(a). No leas libros, no hagas dibujos ni hagas otras cosas mientras una persona te habla.
- Entender: trata de ponerte en los zapatos de la persona que te está hablando. Entender no siempre quiere decir que debes estar de acuerdo con quien te habla.
- Ser paciente: no interrumpas y debes tener suficiente tiempo para escuchar.
- Controlarse: una persona enojada no entiende lo que otra quiere decir.
- No alegar ni criticar: si haces esto la persona no va a sentir confianza y sí va a defenderse.
- Preguntar: eso anima a la otra persona y le demuestra que te interesa, que realmente la estás escuchando. “Preguntar es el arte de conversar”.

FICHA 7. Del decidir al discernir

Decidir y actuar, como trasfondo.
Las personas toman decisiones y, a veces, lo hacen inconscientemente. Para hacerlo debidamente, deben sopesar los diferentes aspectos para que su decisión se adecue al proyecto y al sentido que pretenden dar a su vida. “Yo soy, en definitiva, lo que mis decisiones son y, por eso, quiero saber en detalle cuáles son y cómo las hago; quiero saber si mis decisiones son realmente mías o si son puro calco e imitación de lo que otros hacen, o sumisión a lo que otros me han dicho que haga... Saber a cada momento lo que quiero, y hacerlo, es la esencia de la vida.” (G. Vallés).

El creyente acoplará ese proyecto al de Jesús de Nazaret. Las decisiones que exigen compromiso, habrá que sopesarlas, rezarlas. Ponerlas en la ‘onda’ de Dios. Ésa es la función del discernimiento.

Vivir atentos.
Cuando el creyente tiene un talante de atención, vive normalmente en búsqueda, en deseo de más, en limpieza de corazón y rectitud de intención. Desde este talante, el acto de discernir se convierte en un momento sencillo, casi espontáneo, en una sensibilidad creciente para detectar, para oler lo que es evangélico y lo que no lo es. Sin ese talante de atención, es muy artificial y peligroso iniciar procesos del supuesto discernimiento. Alguien capaz de agradecimiento, del agradecimiento constante que merece el constante dar y darse de Dios hacia nosotros.

Atención es el talante vigilante,  la capacidad de mirar hacia fuera, de no ir por la vida ensimismados. La atención del creyente es la del buen samaritano. Hay que hacer un esfuerzo por salir de nosotros mismos, de nuestros mundos, de nuestros esquemas y prejuicios.

Atención es la capacidad de acercarse y fijarse en aquello que, por tantas razones, no es atractivo mirar. Aquello que por pequeño y desconcertante preferimos ignorar. Un talante de atención activo supone: mirar más allá de lo que se nos ofrece interesadamente; mirar no lo que nos excita sino lo que nos conmueve, no lo que nos atrae sino lo que nos cuestiona, no lo que se adquiere con dinero sino lo que está reclamando nuestro corazón. Con ese talante de atención activo habrá, con seguridad, cada día más llamadas de Dios que impacten en nosotros, se generarán impulsos de respuesta, se activarán resistencias: se producirá el movimiento interior que llamamos ‘discernimiento’.

Si vivimos agradeciendo, mirando hacia fuera de nosotros, atentos al hilo conductor de la vida, dejándonos golpear por todo aquello que nos quiere ocultar a la mirada, con seguridad las llamadas de Dios, su voluntad, resonará con fuerza en nuestro corazón. Su amor se hará locuaz en nuestra vida cotidiana.

De la decisión atenta al discernimiento.
“Examinen bien todo, y quédense con lo que mejor parezca”. (1Tes 5,19)
El discernimiento es un camino arduo y prolongado: supone la lucidez y la esforzada capacidad de vivir en estado de escucha y respuesta, entre rupturas y acogidas, hasta llegar a configurarnos con Cristo.

El punto de partida para hacer un discernimiento es superar la tentación de huir de la propia historia. No se puede discernir para el futuro si no se tiene asumida la propia historia. En el arte del discernimiento “siempre hay que empezar por esa experiencia de principio y fundamento o experiencia fundante: asumir la propia historia y ponerla en manos de Dios. Así, se enlaza el pasado, presente y futuro” (J. Sastre).

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Desarrollo por:  Brisia Torres López, Compañía de María