Acompañamiento vocacional

El proceso vocacional supone para el joven, además de una etapa trascendental de su vida, una serie de momentos o etapas distintas. El acompañante deberá adecuarse, en cada período, al tiempo interno que vive su joven acompañado.

FICHA 1. El inicio del acompañamiento vocacional

El acompañante es el suscitador o despertador para canalizar la escucha de la voz de Dios que habla -invita, llama, provoca- en lo íntimo del corazón del ser humano, sobre todo, clama desde el dolor de los hermanos. A esta tarea la llamamos acompañamiento vocacional.

Acompañar una vocación es...
• Acompañar a escuchar voces y distinguir llamadas, es hacer camino con otro, es un proceso de ayuda para que el joven opte desde la fe y elija con libertad.

• Acompañar el proceso de búsqueda vocacional es un ejercicio de discernimiento, para “buscar y hallar la voluntad de Dios” en su vida.

• Acompañar una vocación es participar de la tarea profética de Jesús. Hablar en nombre del Espíritu, ser su portavoz. Orientar, discernir, reconocer, testificar, consolar, fortificar, preparar, confirmar.

• Acompañar vocacionalmente es ir al lado de la persona animándole, contagiándole esperanza, reflejándole su vida, estimulando sus antenas interiores, creyendo en él.

• Acompañar es colaborar para que la persona se sensibilice respecto al dolor de los hermanos. Frecuentemente no se escucha el clamor de un pueblo porque estamos encerrados en el castillo feudal de una espiritualidad intimista.

• Acompañar es darse un tiempo de confiada oración: para el acompañante y para el acompañado, puesto que escuchar a alguien sin escuchar a Dios supone el peligro de equivocarse rotundamente.

• Acompañar es ayudar a escuchar la propuesta y a darle la respuesta a Dios.

• Acompañar, supone ilusión, paciencia y mucha generosidad.

Distinguir afectivamente: una tarea previa al discernimiento.
La Llamada llega hoy confundida, mezclada con otras múltiples llamadas. Muchas de estas voces despiertan deseos, apetitos, crean incluso necesidades. Son voces que suenan a triunfo, éxito, abundancia, seguridad, prestigio, placer, independencia. Y, mínimamente, a solidaridad o servicio. Es necesario ayudarles a desenmascarar las mentiras envueltas en tan brillantes embalajes, las trampas de los mil reclamos sobre la realización personal. Es necesario desarrollar en los jóvenes un sentido crítico, sincero y valiente, ante la avalancha de propuestas que los llevarán al sinsentido. Es necesario clarificar su corazón. Tampoco vale darles recetas o resultados hechos, sino acompañarlos en un descubrimiento personal. Ellos mismos habrán de distinguir los lenguajes, descubrir las trampas, desentrañar los engaños... y estar preparados así para escuchar en algún momento el llamado del Señor Jesús.

FICHA  2. Etapas del acompañamiento vocacional

Los jóvenes dan el paso a un nuevo sistema de valores solamente desde el corazón. De poco sirven las homilías, lo que entra solamente a nivel cabeza. El joven necesita, y quiere, vivencias, contactos, experiencias interpersonales. Nada ayuda más a conformar un sistema de valores correcto que el conocimiento y la convivencia con personas que quieren-ser distintas, esas personas que el joven percibe como libres, sensatas, auténticas, generosas, decididamente solidarias...Esa persona absolutamente distinta  es Jesús. Si no hay una experiencia vital de Jesucristo como valor afectivo absoluto es inútil iniciar un proceso de discernimiento.

1. Etapa de rastrillaje y descubrimiento.
Acompañar al joven, caminar junto a él. Brindarle la posibilidad de iniciarse en un proceso que le permita desvelar el amor de Dios en su vida. Un amor que también conlleva una dirección y un proyecto. Ser cercano, ser sincero, no aparentar ni proclamar felicidades que no se viven. No presionar ni atropellar nada. En esta etapa son buenos libros de lectura las vidas de los santos. En ellos encontrarán  referencias vívidas de personas que supieron caminar en dirección al proyecto de Dios.

2. Etapa de búsqueda.
Abrir espacios que permitan al joven buscar de forma más consciente la experiencia de la llamada de Dios. Ir clarificando las motivaciones de su opción. Ayudaría mucho la incorporación del joven a un grupo vocacional, mixto y abierto. Acercarlo a Jesús mediante lecturas apropiadas y la invitación a una vida sacramental gratificante. El encuentro fundacional debe darse con Jesús. La presencia del acompañante debe ser sumamente discreta, nunca protagónica ni seductora. En esta época sería muy apropiada la lectura de alguna vida de Jesús. Recomendamos la magnífica obra “Vida y misterio de Jesús de Nazaret” de José Luis Martín Descalzo, por su calidez y contagiosa unción.

3. Etapa de discernimiento.
Favorecer la creación de bases sólidas que permitan al joven discernir libre y responsablemente su opción de vida. Este tiempo supone un mayor grado de madurez. Puede ayudar un voluntariado o un servicio periódico a los hermanos pequeños. Vivir un tiempo en alguna comunidad religiosa, o alguna otra experiencia fuerte. Supone, una semana de retiro o EE., iniciar una etapa de oración personal diaria y acompañamiento quincenal serio y exigente.

4. Etapa de opción.
Es momento de acompañar muy de cerca, mostrando gran capacidad de escucha y acogida humana, y una comprensión que no exija heroísmos. El acompañante se ha convertido en un amigo. La oración debe centrarse en alguno de los evangelios, de un modo ordenado y pausado.

FICHA  3. Objetivos del acompañamiento vocacional

Los objetivos irán encaminados, en primer lugar, al conocimiento e integración de su historia personal, con el fin de afianzar las cualidades requeridas por el grupo eclesial que los acoge, y en segundo lugar, al conocimiento de sus características apostólicas.

En el período de acompañamiento vocacional es de esperar que el candidato alcance los siguientes objetivos:

Integración y conocimiento de su historia personal:
- Descubrir y aceptar, su propia realidad.
- Discernir cuáles son las posibles alternativas a las que el Señor lo invita.
- Aprender a vivir con sus límites y a canalizar positivamente la realidad personal descubierta.
- Integrar su propia realidad, con la fe y en el ejercicio del amor: “aceptar la aceptación”.

Madurez de fe
- Una experiencia de Dios, como padre, hermano, compañero o amigo, es decir, como el Amor que llega al ser humano.
- Una opción por Cristo, que  le dé un nuevo enfoque de la vida a partir del evangelio. Esta conversión puede ser un proceso lento.
- Un conocimiento y vivencia de Cristo, a través de la oración, la reflexión, la lectura bíblica y la participación sacramental.
- Una experiencia comunitaria y apostólica por la que se compromete en el servicio de los demás dentro de la Iglesia.
- Un discernimiento de los signos con que Jesús llama personalmente a cada joven.

Integración y conocimiento de las características apostólicas del candidato. Mediante algunas experiencias apostólicas, suficientemente evaluadas, se espera:

- Comprobar la capacidad de servicio, constancia y firmeza del candidato ante las dificultades.
- Ayudarle a adquirir una espiritualidad encarnada, que lo confronte con su realidad.
- Conocer -medir- su capacidad de trabajar en equipo, de relación y de adaptación a lo nuevo.
- Que pueda encuadrar su carisma personal dentro del carisma propio de la comunidad eclesial que lo recibe.
- Que le sensibilice a la opción por los pobres respetando su estrato socio-cultural.

Madurez afectiva:
- Estabilidad emocional, apertura a los demás y capacidad de entrega.
- Capacidad de crecer y cambiar.
- Una formación sexual adecuada y completa.

Confianza y sinceridad.
- Mostrar tal sinceridad y responsabilidad que se pueda tener en él plena confianza.
- “…después de los elementos sobrenaturales, para mí la cualidad de un jesuita en formación, es la confianza que se puede tener en él. De tal manera que un sujeto del cual no se puede tener confianza humanamente absoluta, ese sujeto no es apto para la Compañía” (P. Arrupe).

- Que crezca en transparencia y entienda lo que más tarde será la vida de comunidad, la obediencia y la cuenta de conciencia ante el superior.

FICHA  4. Aspectos que deben ser evaluados

Mediante el proceso de acompañamiento deben ser evaluados varios aspectos, entre ellos, están algunos de los más importantes.

Aspectos generales
- Motivaciones
- Estado del crecimiento de la fe
- Realidad afectivo-familiar del Candidato
- Orientación y proceso afectivo-sexual
- Capacidad para vivir en comunidad
- Conjunto de capacidades de su personalidad y suficiente equilibrio psicológico
- Modalidad vocacional (diocesano o religioso, hermano o sacerdote)

La afectividad
- Que su desarrollo psicológico corresponda a su edad cronológica.
- Observar si tiene capacidad para establecer relaciones humanas y sanas, y sensibilidad ante el dolor y el sufrimiento de los demás.
- Percibir los indicadores que muestran su grado de madurez afectivo-sexual.
- Asegurarnos que tiene capacidad de servicio y generosidad para orientarse a los demás.

Medios generales para alcanzar nuestros objetivos.
- Trabajar nuestra propia dimensión afectiva, ya que la madurez en esta área nos aportará mayor calidad como acompañantes.
- Trabajar en equipo, con otros/as compañeros/as, para ganar el objetividad.
- Realizar visitas a la familia del candidato/a, para conocer sus raíces y el ambiente afectivo que lo ha educado.
- Mantenernos actualizados a través de talleres de discernimiento, oración, etc.
- Observar la madures de nuestro acompañado, no solo por medio de las entrevistas, sino en otros espacios y ambientes de interacción.

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